Entrevista con Andrés Acevedo

Introducción histórica

En abril de 2002, Venezuela vivió uno de los episodios más intensos y controversiales de su historia reciente. El presidente Hugo Chávez enfrentó protestas masivas que desembocaron en un enfrentamiento político y una fractura dentro de las Fuerzas Armadas. Durante esas horas de caos, el empresario y dirigente gremial Pedro Carmona Estanga asumió brevemente la presidencia interina de la República, convirtiéndose en protagonista de un hecho que marcó profundamente la política venezolana y la percepción internacional sobre la democracia en el país.

La entrevista con Carmona explora los eventos, decisiones y reflexiones que rodearon aquellos días, ofreciendo una visión retrospectiva sobre la crisis política de ese entonces, sus consecuencias y el costo personal que implicó para sus protagonistas.


Resumen detallado de la entrevista

Pedro Carmona inicia relatando los momentos previos al 11 de abril de 2002. Explica que la tensión social y política era insostenible: sectores empresariales, sindicales, militares y civiles se encontraban confrontados con un gobierno que, según él, había perdido la capacidad de escuchar. Carmona señala que su participación no fue planeada, sino que respondió a un sentimiento de urgencia ante el colapso institucional.

Durante la entrevista, el exmandatario interino detalla los momentos en que aceptó asumir el cargo tras la salida temporal de Chávez del poder. Afirma que lo hizo con la intención de restablecer la institucionalidad y garantizar la transición hacia nuevas elecciones. Sin embargo, reconoce que algunas decisiones, como la disolución de la Asamblea Nacional, fueron interpretadas como autoritarias y motivaron reacciones adversas.

El entrevistador lo confronta con la pregunta que da título al programa: “el momento que definió el destino de Chávez”. Carmona responde que ese instante fue cuando decidió no recurrir a la violencia y asegurar la integridad del presidente renunciante, a pesar de las presiones de algunos sectores. Defiende esa decisión como un acto de conciencia, aunque admite que marcó el rumbo posterior del país y su propia vida en el exilio.

A lo largo de la conversación, Carmona combina autocrítica con justificación. Reconoce errores, especialmente en la comunicación y coordinación con los sectores militares y civiles, pero también sostiene que su breve presidencia fue manipulada por la narrativa oficial del chavismo, que lo presentó como un golpista cuando, en su versión, intentaba restaurar plenamente el orden constitucional.

El exmandatario también reflexiona sobre el costo personal de aquellos días. Habla de su salida forzosa de Venezuela, su vida en el exilio y el estigma político que se ha fabricado desde entonces. Relata cómo vivió los años posteriores con la sensación de haber sido parte de un episodio que cambió el rumbo de la historia venezolana, pero también con la convicción de haber actuado según su conciencia.

En el tramo final de la entrevista, Carmona ofrece una lectura más amplia sobre la situación de Venezuela. Afirma que el país sigue atrapado en la destrucción y la ausencia del Estado de Derecho, que las heridas de 2002 continúan abiertas y que el principal desafío es restablecer la libertad y reconstruir la confianza. Considera que la historia debe juzgar los hechos con serenidad y que su caso es una lección sobre cómo las decisiones políticas o castrenses pueden tener consecuencias irreversibles.

Finalmente, en un plano más personal, Carmona comparte reflexiones sobre el poder, la moral y la responsabilidad. Afirma que el liderazgo sin valores se convierte en imposición, y que, a pesar de su breve mandato, su conciencia está en paz. Cierra destacando que su historia no busca justificación, sino claridad y comprensión, y que el episodio del 11 de abril debe servir como advertencia sobre los peligros del autoritarismo y la falta de diálogo en una sociedad dividida.


Conclusión

La entrevista con Pedro Carmona Estanga ofrece un testimonio valioso para entender la fragilidad de las democracias y la delgada línea entre el deber moral y el poder político. Más allá de las controversias, su relato es también un ejercicio de memoria histórica que invita a reflexionar sobre las decisiones que pueden cambiar el destino de una nación.