UN NUEVO GOBIERNO EN ESTADOS UNIDOS

Pedro F. Carmona Estanga

Comienzo por afirmar que los venezolanos estamos agradecidos con Trump, por la firmeza que mantuvo contra el régimen que oprime a Venezuela, y por su compromiso con la causa de la democracia y la libertad en la sufrida patria. Ello sin dejar de reconocer que su estilo fue pugnaz, polarizante, soberbio, con lo cual generó animadversiones nacionales e internacionales, agravadas con su pertinaz negativa a reconocer los resultados electorales, y por la incitación a los injustificables hechos ocurridos en el Capitolio el pasado 6 de enero. Todo indica no obstante, que el segundo juicio político contra Trump, promovido por los demócratas, no prosperará en el Senado de EE.UU. Habría esperado que el presidente saliente no rompiera la tradición de asistir a la asunción del nuevo presidente, pero era mucho esperar de su compleja personalidad. Pero el vicepresidente Pence se llevó los puntos, con una actuación institucionalista, tanto en el acto de confirmación de los votos del Colegio Electoral por parte del Congreso, como concurriendo al acto de toma de posesión de Biden.

Joe Biden ha iniciado su gestión con una febril actividad desde el primer día, superando en el número órdenes ejecutivas a la actividad inicial de todos sus predecesores, todo ello como miras a fijar prioridades, o a revertir las políticas seguidas por Trump, en aspectos sustantivos que habían sido parte de la oferta electoral durante la campaña. Adelanto que no tengo inclinación proabortista, y que por ello difiero de la decisión de revertir las políticas implementadas por el expresidente Trump, que iban contra el aborto. Pero la intención de esta entrega es destacar algunas de las medidas más importantes hasta ahora adoptadas por Biden, entre ellas:

  1. La reincorporación de EE.UU. al Acuerdo de París sobre Cambio Climático y reducción de gases de efecto invernadero, y el impulso a energías limpias, entre ellas mediante la orden de adquisición de vehículos eléctricos por parte de las agencias federales y el  desestimulo al papel de las energías fósiles, ello sin prohibir el uso de la tecnología del “fracking” para la explotación de los hidrocarburos no convencionales, mediante la cual EE.UU. se convirtió en el primer productor mundial de petróleo. La designación de John Kerry como responsable del tema climático, y de un calificado grupo de expertos que lo acompañarán, muestra que EE.UU. reasume sus responsabilidades planetarias en un tema tan sensible, y que se esforzarán en alcanzar la meta de lograr un sector energético libre de emisiones de carbono en 2035, y una economía de cero emisiones netas para el año 2050. Las reacciones adversas de la industria petrolera y de algunos sindicatos, así como de Canadá por la suspensión de la construcción del oleoducto “Keystone” entre ambos países, no se han hecho esperar.  
  2. La reincorporación de esa nación a la Organización Mundial de la Salud, como parte del regreso de EE.UU. al multilateralismo, ayudará al impulso del programa COVAX para la distribución más equitativa de las vacunas contra el COVID 19 en el mundo en desarrollo, y de esa manera liderar la respuesta global ante la pandemia. Al nivel interno, Biden dispuso planes para atacar la pandemia, imponiendo fuertes medidas para contener los contagios y controlar a los viajeros internacionales, amén de acelerar el programa de vacunación masiva con una meta de 100 millones de vacunados en 100 días.
  3. Medidas inmediatas destinadas a proteger a los jóvenes “soñadores” (DACA), amenazados antes de expulsión; la legalización gradual de hasta 11 millones de indocumentados; la eliminación de las restricciones generalizadas de prohibición de ingreso de ciudadanos de 11 países musulmanes; la reunificación de las familias de inmigrantes, y el anuncio de que propondrá al Congreso una nueva política migratoria, bajo una visión más integral y humana. Ello además de la detención de la construcción del muro con México y la cancelación del estado de excepción que permitió destinar recursos federales para ese propósito, y de una moratoria para ejecuciones hipotecarias y deudas estudiantiles.
  4. Un plan de estímulos económicos, destinado a ayudar los estratos de bajos recursos, y a las empresas en dificultades por la pandemia, que alcanzaría US$ 1.900 millones, así como un aumento del salario mínimo a US$ 15 por hora de trabajo.
  5. La prioridad del “Buy American” por parte de los organismos federales, para estimular la actividad económica doméstica. Ello difiere del neoproteccionismo propiciado por Trump, ya que no implicaría adoptar aranceles discriminatorios, aunque requerirá congruencia con los principios del “trato nacional” incluido en los acuerdos de libre comercio existentes, o en las normas vigentes de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
  6. En materia de política internacional, el nuevo Secretario de Estado Anthony Blinken ha reiterado que EE.UU. no reconoce la Asamblea Nacional ilegítima elegida fraudulentamente en Venezuela el pasado 6 de diciembre, e insiste en la necesidad de garantizar elecciones justas, libres y democráticas en el país, además de haber manifestado, como también Biden, que Maduro es un dictador, y que es parte del problema y no de la solución de la crisis. Por tanto, se prevé que las únicas negociaciones que cabrían, y no las que aspira el régimen de Maduro de que haya un levantamiento de las sanciones, sería para que haya elecciones libres, de las cuales surja un gobierno representativo de la voluntad del pueblo venezolano.
  7. En otros aspectos geopolíticos, las prioridades del gobierno de Biden estarán en torno al mejoramiento de las deterioradas relaciones con sus aliados de Europa y con la OTAN, así como en definir el delicado tema de la postura frente al régimen cubano. Tiene mucha importancia el acuerdo alcanzado hace pocos días con Rusia para prorrogar por cinco años el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) que expiraba el próximo 5 de febrero, evitando así una nueva carrera nuclear. De otra parte, tendrá prioridad la definición futura de la posición frente al acuerdo sobre control del desarrollo nuclear de Irán, del cual el país se había desvinculado el país durante la administración Trump. Y finalmente, el papel de la nueva administración estadounidense sobre el tema palestino, dada la ruptura que se generó entre EE.UU., Israel y Palestina, a raíz del plan propuesto en 2020 por Trump y Netanyahu, que fue rechazado con ira por Palestina. Lo dicho, sin que sea taxativo, ya que EE.UU. tendrá también la responsabilidad de definir una visión de largo plazo en sus relaciones con la inestable región latinoamericana, de la cual ha carecido en los últimos tiempos, por otras prioridades en Asia y el Medio Oriente.

Son estas apenas algunas de las orientaciones y retos que enfrentará Biden en el poder, en un país polarizado, en el cual Trump ya asoma que no colgará los guantes, pues organiza equipos y oficinas en Florida para mantener su presencia en el escenario estadunidense, modificando en ese caso las tradiciones de los expresidentes, de no involucrarse en asuntos políticos internos, tras dejar sus funciones en la Casa Blanca. No es pues un lecho de rosas el que aguarda a Biden en los próximos cuatro años. Ojalá y logre tener éxito, despejar dudas, unificar al país, y mantenerse en la postura de centro que lo ha caracterizado, sin abrir demasiado juego a algunos grupos “progresistas” que lo rodean, y que no dejan de generar preocupaciones.