ELECCIONES EN ECUADOR, PERÚ Y BOLIVIA 2021

Pedro F. Carmona Estanga

El pasado domingo 11 de abril se celebraron tres procesos electorales relevantes en la región: la segunda vuelta presidencial en Ecuador, la primera vuelta en Perú, y el balotaje en cuatro regiones de significación en Bolivia.
Sobre Ecuador existía una especial expectativa, por cuanto se escogía entre el regreso al poder de Rafael Correa con el candidato Andrés Arauz, y con ello del Socialismo del Siglo XXI, y el candidato conservador, adalid del respeto a la democracia y el régimen de libertades: Guillermo Lasso, quien competía por tercera vez por la presidencia, coronando en esta oportunidad sus aspiraciones. Las semanas previas habían sido difíciles, pues el segundo puesto había sido disputado voto a voto por el indigenista Yaku Pérez, del partido Pachakutik, y Lasso, del movimiento CREO. Al final, tras ásperos cuestionamientos de Yaku Pérez, Lasso lo superó con el 19,74%, y una diferencia de 32.115 votos. El ganador en la primera vuelta había sido el correista Arauz, con el 32,72%, quien se perfilaba como probable ganador, pues además Lasso había perdido valioso tiempo para iniciar su campaña. Pero Lasso convenció, y cumplió la hazaña de remontar la amplia diferencia que lo separaba de Arauz, para alcanzar el 52,5% de la votación, con un sorpresivo pero convincente triunfo. Ecuador salvó así su democracia, el sistema de economía de mercado con justicia social, y la preservación de la dolarización de la economía. Para tranquilidad de todos, Arauz y Correa reconocieron con hidalguía su derrota. Queda sin embargo la reflexión a posteriori, sobre la irracional presentación de 16 candidatos en la primera vuelta, con una atomización de mensajes, que puso en riesgo el futuro del país. Hoy Ecuador y la región respiran aliviados por la derrota del obsecuente delfín socialista de Rafael Correa, con quien habría gobernado en cuerpo ajeno. No olvidemos que Correa está condenado junto a su ex vicepresidente Jorge Glas a 8 años de prisión por delitos de cohecho, pero disfruta del asilo que la brinda Bélgica, país natal de su cónyuge.
En la primera vuelta en Perú, la irracionalidad política fue mayor, pues se presentaron 18 aspirantes, en un espectro de atomización del voto, y resultados no alentadores. En efecto, los cómputos favorecieron a Pedro Castillo (Perú Libre) con 19,11% y a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) con el 13,37%. Ambos, con ideologías antagónicas, se medirán en segunda vuelta el próximo 6 de junio. Los candidatos inicialmente favoritos de centro o centro derecha: Rafael López Aliaga (Renovación Popular), Hernando de Soto (Avanza País) y Yohny Lescano (AP), obtuvieron el 11,69%, 11,50% y 9,10% respectivamente, repartiéndose los demás sufragios los 13 candidatos restantes.
El caso de Pedro Castillo amerita especial mención. Se trata de un maestro de primaria en el sector rural, que pertenece a un movimiento regional indigenista; ha sido sindicalista, huelguista, prosenderista, marxista sin rubor, y afín a los regímenes venezolano y boliviano. El voto lo favoreció en las zonas de cordillera y selva, no así en Lima, especialmente en Ancash, Huánuco, Junín, Pasco, Ayacucho, Apurímac, Huancavelica y su natal Cajamarca. En el pasado, el Perú ha tenido presidentes de extracción popular en el régimen de facto del General Velasco Alvarado, y constitucionalmente con Alejandro Toledo y Ollanta Humala. Pero nunca un candidato había presentado un discurso tan radical, antisistema, que permea resentimientos, estatismo, y está decidido a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para fortalecer el papel del Estado. Castillo propone además la expulsión inmediata de los inmigrantes ilegales (principalmente venezolanos), la disolución del Tribunal Constitucional, la nacionalización de yacimientos mineros, petroleros y energéticos, la disolución de “monopolios privados”, y la aniquilación de la “explotación laboral”.
La votación por Castillo capitalizó el desencanto de la población con la política tradicional peruana, su fragmentación, los problemas de las clases desposeídas, y el deterioro de la gobernabilidad que se reflejó en cuatro presidentes en cuatro años: Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, el efímero gobierno de Manuel Merino, y el interinato actual de Francisco Sagasti, amén de un Congreso saliente que demostró mediocridad, y estar guiado por intereses particulares o grupales. Su contendora será Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, quien está condenado a 25 años por corrupción y violación de derechos humanos; ella aspira por tercera vez la presidencia, ha recibido buena formación académica en las Universidades de Boston, Columbia y Stony Brook en Estados Unidos, fungió como Primera Dama del Perú tras el divorcio de sus padres en 1994, y se convirtió en líder de su partido Fuerza Popular, siendo la congresista más votada en las elecciones de 2006. Pero últimamente estuvo detenida en forma preventiva e investigada por presunto lavado de dinero, y la obtención de financiamiento de Odebrecht para fines políticos en el pasado. Protagonizó una resonante disputa con su hermano Kenji por temas políticos, especialmente por la posición asumida por su partido en la estocada contra Pedro Pablo Kuczynski.
A pesar de registrar un alto porcentaje de rechazo en los sondeos de opinión, Keiko logró pasar a la segunda vuelta, lo que ha generado comentarios en los medios y en la tolda de López Aliaga. Nadie duda que para la segunda vuelta se requerirán acuerdos, pues ambos obtuvieron apenas el 19 y el 13% de la votación respectivamente, muy lejos de la mayoría. Fujimori podría capitalizar la voluntad de muchos votantes de López Aliaga y Hernando de Soto, en tanto que Castillo podría atraer parte de los votos de Verónica Mendoza (Juntos por Perú) y de simpatizantes de Lescano (Acción Popular). Así las cosas, los votos del centro y de los desencantados de la política, se convierten en el objetivo estratégico de ambos candidatos, con la particularidad de que Castillo asusta con su propuesta radical, lo que podría llevar a que Keiko reciba muchos votos que son más que por ella contra Castillo, o que aumente la abstención. Mi apreciación es que las probabilidades en segunda vuelta favorecerán a Fujimori, en una especie de reedición del caso ecuatoriano, con lo cual el Perú podría también alejarse de la senda radical socialista, la cual sería un revés para un país que, si bien ha sufrido inestabilidad política, ha mostrado uno de los mejores comportamientos económicos en la región, gracias a la preservación de un sano hilo conductor durante largos años.
Finalmente, las elecciones regionales en Bolivia. Después del fraude electoral de Evo Morales en 2019, demostrado por la OEA, de su renuncia y exilio, y el interinato constitucional de Jeanine Añez, el MAS, partido de Morales, triunfó en las elecciones de 2020 con Luis Arce, exitoso ex ministro de Economía en el gobierno de Morales. Tras la posesión de Arce, Evo retornó triunfante a Bolivia, y se inició una dura persecución contra Jeanine Añez, quien ha sido detenida con brutalidad, así como miembros de su gobierno. En la elección de 2020, no se había logrado definir la elección de los poderes regionales en cuatro departamentos: La Paz, Tarija, Pando y Chuquisaca, por lo cual se requirió ir a segunda vuelta el pasado 11 de abril, con un resultado duramente adverso para el MAS en los cuatro departamentos, que fueron ganados por la oposición, sumando a los dos que ya había obtenido en 2020: Santa Cruz y Beni. Vale decir que el MAS solo logró tres de las nueve gobernaciones de Bolivia (Cochabamba, Oruro y Potosí), en tanto que la oposición conquistó seis de las más importantes gobernaciones, aunque al MAS le fue mejor a nivel municipal, especialmente en el medio rural. Evo Morales lideró la campaña del MAS, y reconoció el revés sufrido por él y su partido, pues indica que ya no cuenta con el arrastre popular del pasado. Morales convocó a una reunión de emergencia para evaluar los resultados, que se atribuyen a un rechazo a la corrupción, al abuso de poder y a la persecución de opositores que se vive en Bolivia. Buenas noticias para la democracia, y para moderar la soberbia de Morales, mostrando que los pueblos ya “no tragan entero”, y que buscan generar pesos y contrapesos en el escenario político.
Las lecciones de estos procesos son mensajes para ser analizados y digeridos en Colombia, que concurrirá en 2022 a comicios presidenciales, y para toda la región, pues ponen de manifiesto la importancia de trascender al populismo y a los encantadores de serpientes que con varitas mágicas surgirán en la pospandemia con ofertas milagrosas, para por encima de todo preservar los valores de la democracia, la libertad y el Estado de Derecho, como pivotes fundacionales de la nación, eligiendo en esa ocasión a quienes mejor sepan interpretar y defender dichos valores.