2022:  MIRADA A UN AÑO DIFÍCIL

Pedro F. Carmona Estanga

Concluye el año 2022 bajo un entorno latinoamericano y mundial difícil. En lo internacional, el inicio en febrero pasado de la invasión rusa a Ucrania marcó uno de los hitos de mayor trascendencia geopolítica global. Los afanes imperiales de Putin no han tenido contemplaciones con el sufrido pueblo ucraniano, víctima de una implacable destrucción, crímenes de guerra y privaciones en servicios básicos como la electricidad y el agua. Putin está decidido, rayando en la obsesión, a masacrar a un pueblo valiente, y matarlo de hambre y frío, al mejor estilo estaliniano.

Son inmensas las secuelas geopolíticas de la invasión. La primera, sobre la política energética de la Unión Europea. La dependencia del gas ruso, grave en el caso de Alemania, la no activación del gasoducto Nord Stream II entre Rusia y Alemania, amén de los cambios ocurridos en la doctrina de varios países europeos como han sido la próxima adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN, el envío de armas de Alemania a Ucrania, un hito desde la Segunda Guerra Mundial, amén de la calificación otorgada a Ucrania, Moldavia y Georgia como países candidatos a adherir a la Unión Europea. El compromiso de Estados Unidos con Ucrania ha sido firme, confirmado en la reciente visita del presidente Zelensky a Washington, primer viaje fuera de su territorio durante el conflicto.

Europa impuso restricciones a las importaciones de petróleo ruso y tomó medidas de emergencia para reducir la dependencia del gas procedente de ese país. Ello ha supuesto un alto temporal en la ambiciosa política energética de la Unión Europea para llegar en 2050 a cero emisiones de gases de efecto invernadero, sin dejar de impulsar la transición energética hacia energías limpias, con altas inversiones en eficiencia energética para racionalizar el consumo, colocando además la mira en el desarrollo del hidrógeno verde. De allí el reciente acuerdo entre España, Francia y Alemania para construir un gasoducto desde España a Marsella, Francia, en cuyo uso tendrá prioridad el hidrógeno. Sabemos que la tecnología del hidrógeno está aún en evolución, pero no es menos cierto que los ciclos tecnológicos van acortándose, más aún cuando obedecen a necesidades estratégicas vitales. Recientemente asistí a una conferencia en Puerto Llano, Castilla La Mancha, en la cual se expuso el avance en la construcción de una primera planta de hidrógeno verde, con miras a construir antes de 2030, dos plantas más de escalas mayores en el cluster de renovables que allí se desarrolla.

En lo que respecta a la política, en España es visible la polarización, dada la decisión del gobierno de Pedro Sánchez de aprobar, de la mano de sus socios de izquierda, importantes reformas legales para aliviar las penas aplicadas a grupos separatistas, en temas como la malversación o la sedición. La polarización está también presente en forma exacerbada en Estados Unidos. En las elecciones de medio término el Partido Demócrata retuvo la mayoría en el Senado, cambiando sí el control de la Cámara de Representantes, pero la popularidad de Trump quedó lesionada, pues no logró imponer a muchos de sus candidatos al Congreso, mientras en las bases republicanas baja la convicción sobre la conveniencia de su candidatura en 2024. En adición, han surgido dos hechos que afectan a Trump: uno, la investigación de la Fundación Trump por prácticas irregulares para evadir impuestos y dos, el informe de la comisión que investigó los hechos ocurridos en el Capitolio en enero de 2021, el cual recomienda al Fiscal imputar a Trump por auspiciar los actos de violencia y vandalismo de esos días. Falta aún ver cuál será la decisión futura en el seno del Partido Demócrata, dada la avanzada edad de Joe Biden, circunstancia que influye sobre sus aspiraciones a la reelección.

En cuanto a América Latina, el año 2022 fue particularmente complejo. De una parte, la derrota en las urnas en Chile al intento de aprobar un nuevo texto constitucional, que habría sido grave para el país, pese a lo cual hay aproximaciones entre gobierno y oposición para transitar hacia otro proceso constituyente, bajo reglas bien diferentes. Fue también importante la condena a Cristina Fernández de Kirchner a 6 años en Argentina, y la inhabilitación para ejercer cargos públicos, con lo cual ganó el Estado de Derecho, y se sentó un precedente clave en la lucha contra la corrupción en ese país.

En Perú, la destitución de Pedro Castillo sentó otro precedente ante el intento de asumir poderes absolutos y recurrir al camino constituyente que le había sido negado por el Congreso. Ha sorprendido el abierto apoyo brindado a Castillo por los gobernantes de Venezuela, Colombia, Argentina, México, Bolivia y Nicaragua, evidenciando que lo ideológico prevalece sobre la legalidad.

En Venezuela, la economía sigue devastada, con una inflación en dólares de tres dígitos, un sector productivo postrado, pese a señales de mejoría en el PIB este año, asociadas al aumento de los precios del petróleo. La propaganda de que Venezuela se arregló no tiene asidero. Así lo muestra la devaluación acelerada del bolívar, la pérdida del poder adquisitivo del salario para quienes derivan sus ingresos en moneda nacional, evidenciando la existencia de burbujas que solo favorecen a poseedores de divisas, o a los nuevos ricos que prosperan a la sombra del gobierno.

El reinicio del diálogo oposición-gobierno en México produjo resultados parciales que favorecen principalmente al gobierno: la liberación de US$ 3.000 millones congelados en el exterior, y la licencia para operación de la empresa Chevron en Venezuela, cuya orientación permitirá el pago de la deuda del Estado venezolano con dicha empresa. La prosecución de las reuniones para abordar la agenda política está siendo eludida de nuevo por el régimen, evidenciando que el levantamiento de las sanciones internacionales no debe ser una condición, sino la resultante de la definición de una hoja de ruta hacia elecciones justas y con garantías en Venezuela, para así superar la grave crisis que afecta al país por medios pacíficos. Ahora, el debate gira en torno a la decisión de varios partidos de la oposición de terminar el interinato de Juan Guaidó, lo cual divide a la opinión política pues fortalecería al régimen de Maduro. La oposición venezolana sigue pues fragmentada y desorientada.   

En cuanto a Colombia, los primeros 100 días de Gustavo Petro en el poder muestran la rendición de los partidos políticos tradicionales al gobierno, a cambio de poder y prebendas. La preocupación es creciente sobre la agenda legislativa que se adelanta en desarrollo de la oferta electoral de Petro. En Brasil, el 1º de enero asume Lula la presidencia, consolidando el mapa de las fuerzas de izquierda en la región. Algunos analistas creen que, tras la experiencia vivida y sin el control del Congreso, Lula podría moderarse e influir sobre la izquierda latinoamericana, pero la designación de algunos ministros radicales no lo confirma. Quizás el expresidente Fernando Henrique Cardoso, reconocido político e intelectual pueda ayudar a la moderación del gabinete de Lula. Ese es el deseo de muchos.

En suma, la región sigue enfrascada en una senda de erraticidad, causante de desaceleración económica, con previsiones mediocres para 2023. Puede que el fracaso de gobiernos radicales o populistas ofrezca mejores perspectivas futuras a gobiernos de centro, capaces de generar condiciones para el desarrollo con participación de la economía privada y voluntad para poner orden en las economías, con responsabilidad social. Un Feliz Año Nuevo a mis pacientes lectores.

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