18 AÑOS EN COLOMBIA

Pedro F. Carmona Estanga

Escribo estas líneas el 29 de mayo de 2020, día en que se cumplen 18 años de mi llegada a Colombia en condición de asilado, tras la crisis política ocurrida en Venezuela en abril de 2002. La fecha es por analogía, la mayoría de edad en esta segunda patria que me abrió sus brazos en una etapa difícil de la vida. En esta larga travesía, he podido recorrer al país, conocer sus diferencias regionales, pues Colombia es un país de regiones, sus realidades económicas y diferencias socio-políticas, a su gente mayoritariamente amable, hospitalaria y laboriosa, y constatar las inmensas oportunidades que se le abren hacia futuro, si se mantiene, sin tentaciones populistas, en la senda de la democracia y de una economía de mercado sostenible, responsable y solidaria. 

Qué mejor forma de identificarse profundamente con un país, que el contacto permanente con la juventud a través de la Academia, y con profesionales jóvenes impregnados de la voluntad de superarse a través de estudios de postgrado. Ello me ha significado a la vez retos de superación permanentes, con más estudios de postgrado y Doctorado, y actualización en los temas tecnológicos del día, como la transformación digital, Gerencia 4.0 las plataformas educativas “on-line”, en las cuales, no obstante pertenecer a una generación diferente, me he empeñado en no dejarme arrollar. He podido aplicar en carne propia, la consigna de que no hay edad para estudiar, ni para transmitir conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones.  

Hoy, junto a mi esposa Gladys, compañera de camino en las buenas en las buenas y en las malas, siento que mi corazón se ha hecho más grande, es Grancolombiano, con dos patrias a las cuales querer y por las cuales luchar. Solo lamento la separación de la otra pieza del triángulo, mi amado hijo Gustavo Adolfo, su esposa y los tres adorados nietos radicados en Canadá, a quienes quisiera tener cerca para que sean la alegría de la vida. Igual ocurre con el resto de mi solidaria familia. 

Siempre me identifiqué con el sueño del Libertador por una América unida, y luché por una relación fructífera y respetuosa entre los dos países hermanos, Colombia y Venezuela, entre los cuales la vecindad y la profunda interdependencia es indestructible, pese a las barreras interpuestas por la larga tiranía imperante en Venezuela. Dedique años importantes de mi vida profesional a la causa de la integración andina, bilateral y latinoamericana, afortunadamente retribuida por tantas relaciones en Colombia, Perú, Argentina, Uruguay, y otros países de nuestra querida región.

Hoy doy gracias a Dios por su protección en estos años de vida en Colombia, por haberme iluminado en su escogencia como segunda patria, y de arraigo en los años por venir que Él me conceda. Y el agradecimiento sincero al país generoso, a los amigos que nos honran con su aprecio, a mi familia en la Universidad Sergio Arboleda, a sus directivos y compañeros de esfuerzos en la noble causa que nos compromete, y a los Presidentes Pastrana, Uribe, Santos, Duque y a sus gobiernos, por haber confirmado en mi persona, una de las más sagradas tradiciones colombianas: la del asilo político, que felizmente ha trascendido a la doble ciudadanía, la cual mucho me enaltece. 

A 18 años de distancia del triste día de partida del suelo patrio que me vio nacer, pido a Dios que salve pronto a Venezuela de la tiranía que la oprime, que retornen la libertad y dignidad que bien merece, y que pronto se reconstruya entre ambos países la sólida relación múltiple a la cual están llamados.